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EL CUERPO Y EL ALMA

Para la mentalidad popular el alma o el espíritu es una cosa que el cuerpo lleva y trae como si fuera su simple vehículo. En las películas y en las series de televisión se suele representar al espíritu como un vapor que tiene la silueta y a veces hasta la ropa de la persona que muere. Por el contrario, la filosofía occidental más avanzada, junto con la tradición judeocristiana, subraya la unicidad y la unidad del ser humano; así, las implicaciones de esta idea es la profunda valoración de la persona humana en su integridad: cuerpo y alma.


Para Aristóteles el ser humano es una unidad sustancial de cuerpo y alma. Sin cuerpo humano no hay alma humana y sin alma humana no hay cuerpo humano que viva; es decir, para Aristóteles no existen los fantasmas. Esta opinión es recogida por Tomás de Aquino, a la cual le añade que un alma humana sin cuerpo humano es imperfecta; y en ese caso, la resurrección de los muertos en la que creemos los cristianos implica que el cuerpo y el alma estén unidos de nuevo de alguna forma. Por eso es insuficiente (e incluso incorrecto) decir que tengo un cuerpo, lo correcto sería decir soy corporal.


Para Platón el cuerpo es una realidad negativa, un impedimento para que el alma contemple las ideas eternas, de ahí su famosa frase: “el cuerpo es la cárcel/tumba del alma”. Esta idea se infiltró en algunos pensadores y líderes cristianos de la Edad Media, en algunas ocasiones se llegó a despreciar el cuerpo como sede de lo pecaminoso. Sin embargo, actualmente ya la teología y la filosofía cristiana aceptan la opinión de Platón (de hecho nunca se aceptó oficialmente). Como dijo alguna vez el teólogo B. Häring: “El cuerpo es, pues, para el alma, o compañero de esclavitud o compañero de libertad que le presta inapreciables servicios. Esto tiene su razón de ser en la profunda unidad que une esencialmente al alma con el cuerpo”.

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